Software para lo que se hace todos los días en el fuero: computar plazos, regular honorarios, calcular la tasa de justicia. Cada herramienta salió de un problema concreto de trabajo, no de una idea de producto.
Abogado. Secretario de un juzgado civil patrimonial.
Asistente para la regulación de honorarios - Ley 27.423.
No es una caja negra a propósito. La ley es ambigua en varios puntos y la jurisprudencia está dispersa: donde la app adopta un criterio interpretativo, lo declara junto al número, detrás de un «por qué». Quien no quiere leerlo no lo lee; quien quiere saber más lo tiene ahí.
Cada una es un archivo, sin instalación y sin servidor: todo se calcula en el navegador y nada de lo que escribís sale de tu máquina.
¿Necesitás saber cuándo vence un plazo? ¿Si corresponde ampliarlo por la distancia? ¿Cuánto hay que integrar de tasa de justicia, o cómo se prorratean unos honorarios que pasaron el 25 %? Está todo acá adentro, en una sola ventana, y cada herramienta conserva lo que cargaste mientras no la cierres.
Las seis que cuentan días. Todas leen el mismo calendario judicial y los mismos feriados, versionados en este sitio.
Lo que no es plazo. Va aparte a propósito: un número de honorarios y uno de plazos no se leen igual.
Un cálculo de honorarios puede terminar fundando una resolución, y una fecha de vencimiento mal computada hace perder un derecho. Esto no es software donde un error se descubre en producción y se arregla el martes. De ahí salen las tres reglas con las que se trabaja acá, y valen para todo: para Honorio y para cada una de las herramientas del tablero.
Cada uno cubre una cosa distinta y ninguno cubre todo, que es la parte que importa saber: el motor de días hábiles contra las Acordadas de la CSJN de cada año; la aritmética de plazos —vencimiento, mora, caducidad, días entre fechas y plazo regresivo—; las tres series de la UMA, del UHOM y del monto fijo del art. 6; los dos conectores, que tienen que devolver las mismas fechas que el motor; el conversor de PDF, con los bugs viejos cargados como regresión; y el contraste de cada color sobre cada superficie, en los dos temas.
Del lado de Honorio son dieciocho validaciones. Diecisiete son sobre el cálculo, y una de ellas barre los 29.929 cambios de rumbo posibles: cada uno de los 173 recorridos de la entrevista contra cada uno de los otros, para probar que volver atrás y cambiar el tipo de proceso no deja pegada ninguna respuesta que ya no existe. La otra compara cada texto de la ley que la app muestra contra la ley, oración por oración: una cita que no está en la norma no llega a publicarse.
Ninguno prueba que un número sea el que la ley manda: eso se discute con la norma en la mano. Lo que prueban es que el número de hoy sea el mismo que el de ayer salvo que alguien haya decidido moverlo.
Contra la página suelta y contra la misma página embebida en el tablero, exigiendo que las dos den lo mismo. Toda la apuesta del tablero es que juntarlas en una ventana no mueva un número, y eso se comprueba en vez de suponerse.
El tablero existe por eso antes que por comodidad: once herramientas separadas pueden discrepar en silencio durante años y dos pestañas del mismo marco no. Ya pasó: dos calculadoras deducían la feria de invierno con dos fórmulas distintas —el tercer lunes de julio y el penúltimo— y las dos estaban mal, en años distintos, sin que nada obligara a mirarlas juntas.
Desde entonces los días inhábiles no se deducen con una fórmula: salen de archivos versionados, con la Acordada citada al lado de cada año. Si falta un año, la herramienta no calcula y dice cuál falta. No hay medio resultado.
Los resultados vigentes se consideran correctos y son la referencia a preservar. Ordenar el código y de paso mover un número no es una mejora: es un error.
Cuando un número tiene que cambiar, se anota con el caso concreto y el artículo que lo funda, aunque el cambio sea de una línea.
Y donde la ley no resuelve sola, la herramienta no elige por vos: muestra que existen los dos criterios y decide el que firma. Por eso el prorrateo dice cuándo el recorte pasa el 33 % —el umbral con el que se argumenta confiscatoriedad— y no lo aplica.
npm run verificar-calculos npm run verificar-plazos
Abogado. Secretario de un juzgado civil patrimonial. Estas herramientas salieron de resolver, durante años, los mismos cálculos que ahora hacen ellas.
El código está escrito con asistencia de modelos de lenguaje. No hay razón para esconderlo y tampoco mucho mérito en negarlo.
Lo que un modelo no genera es el criterio. Mis interpretaciones de la ley estaban resueltas antes de que existiera cualquier aplicación. Un ejemplo de esto: el asistente clásico, que sigue publicado, ya distinguía por ejemplo los dos criterios alternativos para la caducidad de instancia —art. 22 como demanda desestimada, o art. 25 como los demás modos anormales— y explicaba cuándo se reduce cada cosa.
Durante la reescritura del código, el paso de una versión HTML pura al sitio actual, se produjo una regresión sobre ese punto ya decidido: el motor pasó a acumular las dos quitas sobre el mismo hecho, una rama que el clásico nunca tuvo. Ocurrió en un nivel que mi ojo de abogado no ve, el del lenguaje de programación, y estuvo tres días en una versión publicada hasta que se corrigió. Tener el criterio escrito de antemano es lo que permitió detectarla.
Por eso el trabajo está en dos lugares que no son el código: decidir qué hace la herramienta según la ley no o la interpretación —y dejar escrito por qué— y verificar que el número sea el correcto. Lo primero está en la documentación de dominio; lo segundo, en las validaciones de arriba.
Estas herramientas son de carácter referencial y orientativo. No sustituyen el criterio del juez natural de la causa ni constituyen asesoramiento legal. Quien las usa es responsable de verificar su resultado.
Honorio, en particular, no aplica los mínimos arancelarios automáticamente: si el cálculo cae por debajo de un mínimo que corresponde usar, hay que desestimarlo. Por eso la tabla de mínimos está a un clic dentro de la app.
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© 2026 Luis Javier Cúneo Libarona. El código se publica para que cualquiera pueda auditarlo: leerlo y verificar cómo se obtiene cada resultado. Publicarlo no es licenciarlo: usarlo, copiarlo, modificarlo o publicarlo requiere autorización previa y por escrito, que se da caso por caso a quien escriba contando para qué. Usar las herramientas en este sitio es libre y gratuito: la reserva alcanza al código, no al uso.